La adolescencia es una etapa de grandes cambios para la persona, un periodo de transición entre la infancia y la vida adulta. Esto supone una necesidad de adaptación tanto para el adolescente como para la familia.
Muchas veces esta crisis de la adolescencia no es fácil de abordar tanto para el propio adolescente, que puede manifestar actitudes de aislamiento, introversión, apatía, rebeldía, irascibilidad…como para los padres provocando que estos se sientan desorientados sobre las nuevas conductas y actitudes de su hijo.
Creo que hay que diferenciar lo propio de la adolescencia de otras conductas o actitudes que sí nos deberían poner en alerta y consultar con un profesional:
Cuando el adolescente se muestre con angustia, ansiedad, apatía, tristeza o cambios de humor de una forma persistente.
Cuando exista una dificultad en las relaciones sociales por tendencia a aislarse o por conductas violentas o agresivas hacia los otros.
Cuando muestre una bajo concepto de sí mismo.
Cuando exista un exceso de impulsividad y una baja tolerancia a la frustración.
Cuando detectemos problemas con la alimentación o con el consumo de sustancias.
Cuando aparezca algún conflicto de ámbito académico o una persistente desorientación o desmotivación.
