
Considero la terapia como un viaje interior en el cual la persona viaja acompañada por la escucha, la empatía y la presencia del terapeuta, viaje en ocasiones doloroso y en ocasiones gozoso, pero necesario para poder encontrarnos con lo más profundo y verdadero de nosotros mismos.
Gracias a la relación de seguridad y confianza que establecemos, la persona puede ir explorando su mundo interior, reconociéndose a sí misma y tomando así sus propias decisiones.
«Durante la terapia la persona aprende a escucharse, conocerse, respetarse y aceptarse a sí misma.«
Inicialmente el trabajo es una sesión semanal de 50 minutos que poco a poco se puede ir espaciando en el tiempo a medida que la persona va evolucionando en su proceso.
La terapia facilita el tomar consciencia de quién uno es.
Durante el proceso de terapia la persona aprende a tener una percepción más realista de sí misma, a focalizar su mirada en sus deseos y necesidades más auténticos, a abrirse y a confiar en su experiencia, desarrollando así actitudes más positivas hacia sí mismo y hacia los demás.
La persona comienza a sentirse poco a poco más relajada, más a gusto consigo misma, más libre y autónoma, en esencia más satisfecha con quién ella es.
